Reverencia a Kótov

Blancas: Td1, Tf1, Dd2, Rg2, Ac3, Ce3, Cd4; peones en a2, b3, c4, e4, f3, g3 y h2.

Negras: Td8, Ce8, Tf8, Rg8, Ca7, De7, Ag7; peones en a6, b5, c6, d6, f7, g6 y h7.

Alexánder Kótov (1913-1981) pasará a la historia del ajedrez con letras mayúsculas, sobre todo por su magnífica trilogía de libros: Piense como un gran maestro, Juegue como un gran maestro, y Entrene como un gran maestro, que lo inmortalizan como uno de los entrenadores más influyentes de todos los tiempos. Sin embargo, algunas editoriales anglosajonas publicaron su obra con reparos, debido a afirmaciones como esta: "El ascenso de la Escuela Soviética a la cumbre del ajedrez mundial es el resultado lógico del desarrollo cultural socialista”. Tales reparos son, a todas luces, injustificados, porque incluso quienes aborrezcan el régimen político de la URSS tendrán que reconocer que el ajedrez nunca hubiera sido una pasión nacional sin el apoyo masivo del Kremlin durante más de setenta años.

Pero la Historia sería muy injusta si sólo reconociera a Kótov como autor muy brillante. También lo era su juego, como se aprecia en su modélica partida frente a Barcza (Interzonal de Saltsjobaden, 1952), que se analiza en este vídeo, y en otra que enriquecerá esta colección dentro de dos semanas. Con independencia de lo adicto que fue al régimen que le daba de comer, Kótov jugaba como los ángeles.

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