La última joya de Capablanca

Blancas (Capablanca): rey en g1; dama en d1; torres en a1 y f1; alfiles en c1 y e2; caballos en c3 y f3; peones en b2, f2, g2, a3, h3 y d4.Negras (Czerniak): rey en e8; dama en a5; torres en d8 y h8; alfiles en h5 y f8; caballos en c6 y f6; peones en e6, a7, b7, f7, g7 y h7.

 Nunca sabremos si esta brillante combinación de Capablanca fue fruto de su descomunal intuición o de un cálculo preciso (raro en él). Pero lo relevante es que el genial cubano ganó la medalla de oro individual en la Olimpiada de Ajedrez de Buenos Aires 1939 a pesar de que su salud ya dejaba mucho que desear: había sufrido un derrame cerebral en el torneo AVRO 1938, consecuencia de una hipertensión arterial muy aguda.

Capablanca murió tres años después, a los 53, en el hospital Sinaí de Nueva York (justo el mismo lugar donde Emmanuel Lasker había fallecido en 1941), tras sufrir una hemorragia cerebral unas horas antes en el Club de Ajedrez Manhattan. Fue enterrado con todos los honores en La Habana, donde el dictador Batista se hizo cargo personalmente de los trámites. Todas las estrellas del ajedrez mundial, incluso Aliojin, se deshicieron en elogios, y muchos lo definieron como el mejor jugador de la historia.

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