Contragolpe fulgurante

Esta cuarta y última joya de Akiba Rubinstein (1880-1961) en El Rincón de los Inmortales constituye una obra maestra del contraataque. Todas las piezas de su rival, el peligroso austríaco táctico Rudolf Spielmann (1883-1942), están armónicamente dispuestas para la ofensiva. Pero el genial polaco encuentra la manera de hacer lo mismo con las suyas, basándose en la expuesta situación del rey enemigo, con tremenda belleza y precisión. La partida se disputó en el balneario alemán de Baden-Baden, en 1925.

Rubinstein encabeza cronológicamente la lista de los llamados “campeones sin corona” (Keres, Bronstein, Tarrasch, Korchnói, Ivanchuk…) a pesar de que empezó a jugar al ajedrez muy tarde –16 años– y de que sufrió graves problemas de salud mental en la segunda mitad de su vida. Otro ejemplo de que la frontera entre la genialidad y la locura es muy estrecha. Por el contrario, su arte es muy ancho e inmortal.

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