Un mate de antología

A veces, la belleza extraordinaria de una partida de ajedrez no está en lo que fue, sino en lo que pudo haber sido porque el rival no colaboró para crear una obra de arte. Esa fue, en la Viena de 1908, la actitud del checo Oldřich Duras ante el polaco Akiba Rubinstein, quien sin embargo recibió el Premio de la Brillantez por un mate que nunca ocurrió.

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