Obra de arte a dos manos

Una de las mejores partidas de ajedrez es la que jugaron el maestro Emmanuel Lasker y el casi desconocido pero brillante William Napier en 1904. La amenaza final de Lasker hizo abandonar a Napier, pero queda una bonita anécdota del juego: el campeón le propuso a su rival que presentaran la partida al Premio de Belleza.

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